CríticasCríticasGone Baby Gone
El cuento progresa como una trama típica de investigación, con cada escena sistemáticamente rindiendo información adicional para avanzar al próximo paso. Pero el éxito de “Gone Baby Gone” depende de tres elementos. Primero, Patrick resulta ser el protagonista ideal: el héroe únicamente capacitado para enfrentarse y superar cada obstáculo de la premisa y su ambiente en situaciones donde cualquier otro personaje jamás podría. Conversando con los oriundos del mundo que la policía no puede penetrar, enfrentándose contra amenazas a su vida y desenredando los hilos de la trama, Patrick descubre la verdad y emerge victorioso, o al menos más sabio, de cada nuevo reto que se presenta. Si cualquier otro personaje concebible tomara su lugar en la investigación de este misterio, en este mundo e interactuando con estos personajes, fracasaría. Segundo, las curvas y revelaciones de la trama tienen un efecto palpable en la psicología de los personajes, haciéndolos crecer y evolucionar orgánicamente. Los descubrimientos de una escena se reflejan en las decisiones que toman los personajes en las escenas siguientes, específicamente Patrick y Angie, que inevitablemente van tomando rumbos distintos en su curso dramático. Esto culmina en un nivel de complejidad que le presta vida absoluta a los personajes en los ojos del público, que ha sido testigo al proceso de formación que impulsa a los protagonistas hasta las últimas alturas de la historia. Es cierto que Patrick y Angie se llegan a convertir predecibles en las decisiones que tomarán en las escenas finales, lo cual sí es una falla del drama, pero es principalmente porque el público los ha llegado a conocer tan profundamente que entienden cómo piensan y pueden compadecer con ellos. Igual la última sorpresa al centro del misterio bordea en lo absurdo, pero las consecuencias dramáticas que sufren Patrick y Angie son genuinas y conmovedoras. Y tercero, se destacan las actuaciones de un elenco sumamente talentoso. El que Ed Harris y Morgan Freeman, haciendo de oficiales de la policía investigando el caso, encarnen una profundidad extensa en sus papeles y creen personajes únicos y verosímiles no es nada de inesperado; pero una sorpresa es Amy Ryan, que representa a Helene McCready, la madre irresponsable y drogadicta que ha descuidadamente perdido a su hija, sin que ésta deje de ser simpática y el público deje de sentir algún afecto por ella. Por el otro lado, algunos elementos dramáticos son un poco típicos y hasta excesivamente melodramáticos, y Ben Affleck a veces pierde la mano diestra de la dirección – por ejemplo, viola las convenciones de este género el que la película de repente nos muestre una escena en la que Patrick no está presente, cuando hasta ese momento el público solo ha tenido acceso a la misma información que Patrick mientras él la ha ido descubriendo. Pero son fallas sorprendentemente mínimas en un trabajo sumamente competente, sobre todo para un director primerizo.
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